Bastoncillos de queso al horno

ABRE LA BOCA Y cierra los ojos

Hace un par de semanas, al salir de trabajar tuve una ocasión de premiarme con unas ostras antes de volver a casa que preferí no dejar pasar. Después, como cada día, me encaminé al tren para recogerme. Al ir a subir, buscando la puerta, se me enganchó la punta del bastón entre el andén y un escalón del vagón. Tras dos pequeños tirones, deduje que sería mejor optar por la maña y me agaché para ver como desengancharlo. Así que ahí estaba yo en cuclillas en la puerta del tren mientras entraban unos y salían otros, analizando con las manos la situación. A esto que noté como, a falta de una, dos personas y a la voz de Deja, deja!, tiraban del bastón demostrando que ellos habían optado por la fuerza. De hecho, hicieron gala de una fuerza suficiente como para desengancharlo, o mejor dicho, para romperlo dejando la pieza…

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